...siempre caemos en momentos, poco a poco y suavemente, igual que éstas de las que, por unos meses, son sus fuertes manos donde agarrarse.
Nos secamos porque aquello a que nos aferrábamos te deja caer, en algunos casos como si nunca le hubieses importado, en otros con pena y lágrimas en el corazón.
Pero no tenemos que olvidar algo muy importante: la primavera siempre llega. De los árboles vuelven a crecer fuertes ramas donde se aferrarán unas preciosas hojas verdes.
Sí, como la pescadilla que se muerde la cola porque crecen y mueren, siempre así. ¿A caso la vida no es eso? ¿No estamos mordiéndonos la cola constántemente? Por más que queramos que todo sea distinto acaba siendo lo mismo.
Tenemos algo marcado en nuestra vida, todo está decidido. Si una persona se va es porque tenía que irse. Si aparece alguien nuevo es porque tenía que aparecer y enseñarme algo. No hay más explicación.
Yo, como mucha gente, tengo la tendencia a complicarme demasiado con lo más simple. Si estás, estás; si no estás, no estás. No hay porqué darle mil vueltas a algo tan sencillo, y con esto todo lo demás.
Sí, palabrería barata la mía porque no me lo aplico, pero tengo claro que es así. Si te dicen ven y no vas es posible que nunca más vuelvan a decirte que vayas.
Y con todo esto quiero decir que la vida es así, sin más. Estamos de paso como las hojas de los árboles. Primero nos aferramos a unas personas para que nos protejan y con el paso de los años pasamos a aferrarnos a otras. Es el ciclo de la vida. De nuestras vidas.
Las primeras personas que nos agarran con más fuerza son las que nunca querrán soltarnos, pero saben que tienen que hacerlo: son nuestros padres. Después está la gente pasajera que se cruza en nuestro camino y podemos tener la mala o buena suerte y tenerlos con nosotros siempre, agarrándonos la mano. Pero llegará un momento en que seamos nosotros quienes demos protección a alguien, ese será el día más bonito.
La vida... un camino misterioso para pasear, donde nunca sabremos qué nos depara la siguiente curva ni quién se esconde tras de aquel matorral. Vivamos lo mejor que podamos, tan sólo así podremos decir que hicimos las cosas bien, que disfrutamos de los regalos que nos encontrábamos en este duro camino, que las penas con alegría son menos penas, que un día sacamos las fuerzas de debajo de las piedras para poder decir que estábamos aquí luchando, que nunca nos rendimos porque sólo queríamos una cosa: seguir aferrándonos a quienes nos correspondían.
R.
R.
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