jueves, 11 de septiembre de 2014

Y un día las nubes...

...sopla el viento y se van, se marchan poco a poco por el cielo, dejando salir al sol, iluminando el azul.

Viene y va. A veces pasa desapercibido, otras se deja notar. ¿Quién me asegura a mí que no lo viví antes? Es como soi volviese a tener 14 años, solo que ahora cuento ya con 23, mucha escuela de por medio, he aprendido demasiado y soy capaz de no cerrarme en banda como cuando simplemente era una niña.

Ni yo puedo entender qué puede estar pasando en mí ni en mi entorno, pero todo es raro, o la rara soy yo. Nunca hay ganadores ni vencidos, inocentes ni culpables. Quizá la solución sea abrir el corazón, pero ¿para qué? Es el miedo al daño, al dolor, a decepcionar a quienes confíaron en lo que yo era (o soy). Quiero alejarme y a la vez acercarme más, pero no puedo ni una ni otra cosa. Me quedo en un estado de limbo, pensando, pasando las noches medio en vela con mis vueltas, mi dolor de cabeza.

¿De verdad yo soy así? ¿De verdad siempre fue lo mismo? Una vez me pasó que tuve que alejarme para saber cuánto quería y necesitaba, así hoy me aseguré que siempre hay alguien con quien contar en muchas situaciones, a quien explicar mis mil historias, con quien reír y quedar serio. No sé, algo así.

Puede ser que, pese a haber pasado unos meses estupendos y magníficos, mis allí también noches sin dormir me hayan afectado demasiado. Y es que es muy difícil no saber qué puede ser de una misma en poco tiempo, si podrás continuar o tocará abandonar, si encontrarás algo que verdaderamente te haga sentir que tienes que estar ahí. Han sido muchos días de pensar, pensar y repensar. He analizado cada situación que me podría llegar y sólo de pensarlo me ahogaba en mis dudas.

No soy capaz de explicar la sensación que tengo y tampoco quiero ser preguntada, sé que es algo pasajero, que esto no dura eternamente porque hoy, por ejemplo, ya fui capaz de sonreír desde la mañana. Son las buenas noticias las que, de a poco, me van revelando mi posible futuro. Y ojalá pueda conseguir lo único que me hacía sentirme feliz cuando lo pensaba.

Porque sí, este verano fui capaz de olvidar con una copa en la mano. Y beber en el momento apropiado hizo que no le diese vueltas a las cosas y que pudiese disfrutar de esos pequeños momentos que en mí se hicieron enormes, donde una sonrisa y el brillo de mis ojos dejaba demostrado que lo único que necesitaba era tranquilidad y estar bien conmigo misma, dejando de pensar.

Y ojalá nunca más tenga ganas de llorar a cada instante sin saber cómo solucionarlo.



R.

martes, 9 de septiembre de 2014

Cambios que empiezan...

...y yo apenas me había dado cuenta.

Han pasado dos meses desde que me fui de vacaciones. Necesitaba más que nada sentir tranquilidad, olor a aire limpio, cariños maternales, vida relajada, estar conmigo misma... Entiendo que soy una persona rara, sencilla y también complicada, pero a veces necesito mi lugar para intentar poner en orden toda la mierda que acumulo en la cabeza.

Me dije a mí misma desde el primer día que me fui en el mes de julio que no iba a dar importancia a nadie ni a ninguno de los problemas que pudiesen venirme a contar. Este verano quería que fuese para mí, yo sola y mi egoísmo, sin importar nada de fuera. A día de hoy puedo decir el resultado: lo conseguí.

Cada uno tiene su mierda y hay que soltarla en el wc, pero cada cual en el suyo. Me cansé de ser un paño de lágrimas, de tener que absorber los mocos de los demás sin que nadie me dejase rechistar. Siempre me cuesta sacar mis cosas, pero porque soy consciente de que no puedo pasarme el día hablándole mierda al resto, en cambio soy capaz de aguantar la suya... 

Me propuse interesarme por quien me diese la gana. Y así lo hice. Hablé con quien tenía que hablar y cuando tenía que hacerlo. Cada vez tengo un filtro más perfeccionado dentro de mi y sé quien sí y quien no, todo con más precisión.

La tranquilidad y el silencio me hicieron pensar mucho. Pude analizar muchas situaciones y maneras de actuar de personas de mi entorno desde un tiempo atrás hasta ahora. Mi conclusión: ¿en serio? A veces siento que me arrepiendo de haber conocido a algunas personas, de haberme mostrado tal cual soy yo, de haber hecho cosas por los demás aun sabiendo que jamás recibiría nada a cambio. No soy ninguna santa ni pretendo serlo, pero que me respeten mi persona y no la dañen.

Llegué sin querer ver a nadie, sin importarme nada, deseando volverme a ir, decirles "que os den por el culo", mirar atrás y reírme de cómo se quedan, mandarlo todo a la mierda.

He odiado más que nunca la forma de ser de muchas personas, su hipocresía y egoísmo, sus tonterías, el que se creyesen con derecho a opinar cuando no saben ni un tercio de la situación, el que fuesen de líderes saliéndose con la suya... Las princesitas algún día lo dejan de ser y no se convierten ni en reinas. Ese es mi consejo. Todo pasa por algo y después se lamentan.

Nadie sabe todo lo que se me pasa por la cabeza. Siento la necesidad de contarlo, hablar y desahogarme, pero es mejor mantener la boca cerrada antes que crearme mil enemigos.

Diré una cosa: todos somos unos hipócritas, algunos lo son más que otros, pero nadie se libra. Y yo tengo ese don de calar a las personas, a algunas las tengo tan conocidas que podría decir cada paso que toman en una decisión antes de que me lo contasen.

Mis cambios... No descarto irme, desaparecer para casi todo el mundo, hacer mi vida lejos, conocer gente nueva, conservar poca de la vieja...

Y sé que en un momento dado leeré esto otra vez y me diré: "tenía demasiada razón, pero no hice nada".

No pretendo ser comprendida, solo quiero desahogarme.



R.