miércoles, 28 de enero de 2015

Quiero...

...contarte tanto y tanto. Seguir confiando en cada momento. Sonreír con cada recuerdo. Beber de ti. Sentir cada pelo de mi cuerpo erizarse.

Quiero mirarte a los ojos y apartar mi mirada. Quiero ruborizarme. Quiero sentirme tranquila al tenerte al lado. 

Necesito contarte tanto, sentirlo todo, desahogarme de la angustia, soltar todo lo que haya en mi interior. Sentirte.

Recostarme y sentir paz. Palabras que me resuenan en la cabeza.


No le tengo miedo.




R.

sábado, 24 de enero de 2015

Me mata...

Sí, me mata esa puta indiferencia, el si te he visto no me acuerdo, olvidar cada comento de risa, cada lágrima que he secado, que me han secado, cada día a día.

Me mata que me digan eso de que las cosas han cambiado. ¿Seguro? Seguís siendo igual: no podéis vivir sin tener a alguien al lado, dando la espalda a quien siempre os apoyó.

Quiero pensar que dentro de un tiempo se darán cuenta que han perdido mucho tiempo, dejando de lado lo que más cerca tenían y no veían.

Pero lo mejor de todo es que yo sí quiero un cambio, sin importarme la opinión de otros. Si ellos quieren perder el tiempo que lo hagan, yo quiero disfrutar a mi manera con quien yo quiera.

Me mata. Me mata que seáis así, joder. Me mata que no hayáis aprendido a pensar, a vivir, a sentir por vosotros mismos. ¿Y la rara luego soy yo? No, yo soy yo y soy la responsable de mis actos.

El juego termina cuando morimos y yo aquí vine a jugar.



R.

sábado, 17 de enero de 2015

Por la noche...

...alguien apareció en mis sueños. No le daría la más mínima importancia si las condiciones hubiesen sido otras. No, no era un sueño sexual. Era un sueño inocente, pero con chico incluido.

Nuestro subconsciente libera en los sueños lo que no libera en el día a día. Me asusta. A veces todo es demasiado bello en un sueño como para que pueda suceder.

No era cualquiera, era alguien especial. No era como siempre, era distinto, completamente distinto a lo que estoy acostumbrada.

He visto aparecer a alguien en un coche, he sentido cómo se me erizaba el vello, el corazón se me aceleraba por momentos, mi mirada buscaba unos únicos ojos para después pararse en una sonrisa. Su sonrisa.

He creído morir cuando me parecía notar cierta indiferencia. Y yo, como siempre que me pongo nerviosa, agachaba la mirada buscando un aliado en el suelo para caminar con paso ligero sin rumbo que seguir.

Pero termino levantando la cabeza y ahí está. Nuestras miradas se cruzan. Nuestras sonrisas se dibujan. Nos acercamos riendo. No, no es que yo le haya hecho la cobra, es que sentía algo raro y aunque me muriese de ganas por besarlo no podía hacerlo. Él no se da por vencido y me besa el cuello varias veces. Luego nos veremos, seguro.

Como bien sabemos, los sueños bonitos duran un suspiro y ahí estaba yo, despertándome, pero llena de una tranquilidad interior difícil de explicar.

Yo, mi subconsciente y una cama que si hablase tendría como para contar un libro.




R.