...alguien apareció en mis sueños. No le daría la más mínima importancia si las condiciones hubiesen sido otras. No, no era un sueño sexual. Era un sueño inocente, pero con chico incluido.
Nuestro subconsciente libera en los sueños lo que no libera en el día a día. Me asusta. A veces todo es demasiado bello en un sueño como para que pueda suceder.
No era cualquiera, era alguien especial. No era como siempre, era distinto, completamente distinto a lo que estoy acostumbrada.
He visto aparecer a alguien en un coche, he sentido cómo se me erizaba el vello, el corazón se me aceleraba por momentos, mi mirada buscaba unos únicos ojos para después pararse en una sonrisa. Su sonrisa.
He creído morir cuando me parecía notar cierta indiferencia. Y yo, como siempre que me pongo nerviosa, agachaba la mirada buscando un aliado en el suelo para caminar con paso ligero sin rumbo que seguir.
Pero termino levantando la cabeza y ahí está. Nuestras miradas se cruzan. Nuestras sonrisas se dibujan. Nos acercamos riendo. No, no es que yo le haya hecho la cobra, es que sentía algo raro y aunque me muriese de ganas por besarlo no podía hacerlo. Él no se da por vencido y me besa el cuello varias veces. Luego nos veremos, seguro.
Como bien sabemos, los sueños bonitos duran un suspiro y ahí estaba yo, despertándome, pero llena de una tranquilidad interior difícil de explicar.
Yo, mi subconsciente y una cama que si hablase tendría como para contar un libro.
R.