lunes, 12 de marzo de 2012

I miss you so much...

Semana dura donde las haya para mí... Hace exactamente 7 años nos decían que te encontrabas mal y que te tenían en la enfermería de la residencia. Dijero que para qué llevarte al hospital si te iban a clavar a agujas e ibas a sufrir... Pero yo sabía que deberían llevarte, lo mismo te pasó 3 años atrás: no eras tú, te pasó algo raro, tuvieron que llamar corriendo a la ambulancia, tu imagen en la camilla saliendo por la puerta de casa, estar en el hospital, volver a casa como nuevo y conociéndonos a todos.

"Bueno... ahí va". En eso se quedó.

15 de marzo. Día normal de clase. Vuelvo a casa. Comemos. Ando por el postre, una manzana roja. El teléfono suena. -"Mamá, ¿qué ha pasado? +Hija, el abuelo, que se ha muerto... -¿Que qué?" Entro en estado de shock, no sabía qué hacer, qué no hacer. En ese momento fui consciente de lo que significaba la palabra morir, porque cuando tienes 5 años y se muere tu padre no te enteras de nada, pero cuando tienes 13 y se muere tu abuelo sí.

Toda mi vida junto a él se me vino a la cabeza. Mi niñez, los paseos con la perra, los piñones de la huerta, el pozo y el agua, las alubias secándose, sus gafas, su boina, su humor... TODO.

Fueron días muy duros. Mi madre estaba muy preocupada por mí y no era para menos: no tenía alegría, no comía, no sentía el ánimo de seguir, los ojos los tenía llorosos todo el día, tenía que reprimirme las lágrimas minuto tras minuto...

¿Ley de vida? Sí, pero jamás pensé que fuese tan pronto. Por un momento mi madre y yo estuvimos al mismo nivel: ella había perdido a su padre y yo al mío lo perdí hace tiempo; sí, son distintas edades y distinta la manera de asumirlo, pero un padre es un padre y no importa que tengas 5 o 41 años porque lo pierdes y punto.

Son muchos los recuerdos que tengo en mi corazón. Sé que lo que está ahí no se olvida nunca por más que pasen los años. A mis hijos les hablaré de mi abuelo, de cómo era, de lo que me enseñó. Espero y deseo que ellos también puedan guardar bellos recuerdos de sus abuelos y que, toquemos madera, puedan conocerlos y les duren muchos años porque un abuelo... un abuelo es un maestro cuyas carreras son la vida y la experiencia.


Estés donde estés... te quiero abuelo.



R.

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