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miércoles, 26 de noviembre de 2014

Deben ser...

...estas fechas en las que se aproxima la tan temible Navidad para mí. Sí, seguro que es por eso, porque si no yo no encuentro explicación. Es escuchar una canción, ver una foto, una imagen tierna, mirar atrás y... ahí están: los ojos se me llenan y las lágrimas me brotan, día sí y día también.

La Navidad dejó de tener sentido para mí hace muchos años. Y en mi casa no soy la única. Prácticamente ni las pasamos en familia, nos falta gente importante y eso es lo que más duele. 

Que sí, que comer de todo lo bueno hasta más no poder está genial, pero es que cuando ves que en la mesa falta la persona más importante... todo es una mierda. Con el paso de los años me he ido acostumbrando. No queda otra: aquí o te acostumbras o mueres de pena.

Si a todo esto le sumo el torbellino de sensaciones raras que tengo, las vueltas que me da la cabeza, mi incapacidad para poder poner la mente en blanco, los sueños raros de por las noches, etc... sale una mezcla explosiva de mí. 

Cómo odio la gente que no se atreve a demostrar lo que siente. No afrontan sus sentimientos. Yo no estoy pidiendo nada, únicamente que hagan las cosas más fáciles y todo será mejor, ¿no? Pero, oye, aquí una hablando de lo que incluso no hace. ¿Y para qué? El tiempo, las caídas, las malas experiencias, hacen que no tenga ni ganas de querer hacer según qué tipo de cosas, total, acaban saliendo mal, muy mal.

Estamos sólo a finales de noviembre y yo así. Lo peor está por llegar. Si a mí de la Navidad sólo me gustan las luces que decoran las calles, poner el arbolito y el Belén para cumplir con la tradición y, bueno, el turrón y los polvorones están bien. No pido regalos de Navidad, con eso digo la ilusión y las ganas que tengo de ella...

Yo, con este estado, me da por pensar y pensar. Menos mal que no me da por abrir la boca porque iba a soltar más mierda que si estuviese mala de la barriga y no pudiese levantarme del wc. Sí, soy demasiado específica.

Y sin más, una servidora, se despide de escribir, que no está el horno para bollos.




R,

martes, 9 de septiembre de 2014

Cambios que empiezan...

...y yo apenas me había dado cuenta.

Han pasado dos meses desde que me fui de vacaciones. Necesitaba más que nada sentir tranquilidad, olor a aire limpio, cariños maternales, vida relajada, estar conmigo misma... Entiendo que soy una persona rara, sencilla y también complicada, pero a veces necesito mi lugar para intentar poner en orden toda la mierda que acumulo en la cabeza.

Me dije a mí misma desde el primer día que me fui en el mes de julio que no iba a dar importancia a nadie ni a ninguno de los problemas que pudiesen venirme a contar. Este verano quería que fuese para mí, yo sola y mi egoísmo, sin importar nada de fuera. A día de hoy puedo decir el resultado: lo conseguí.

Cada uno tiene su mierda y hay que soltarla en el wc, pero cada cual en el suyo. Me cansé de ser un paño de lágrimas, de tener que absorber los mocos de los demás sin que nadie me dejase rechistar. Siempre me cuesta sacar mis cosas, pero porque soy consciente de que no puedo pasarme el día hablándole mierda al resto, en cambio soy capaz de aguantar la suya... 

Me propuse interesarme por quien me diese la gana. Y así lo hice. Hablé con quien tenía que hablar y cuando tenía que hacerlo. Cada vez tengo un filtro más perfeccionado dentro de mi y sé quien sí y quien no, todo con más precisión.

La tranquilidad y el silencio me hicieron pensar mucho. Pude analizar muchas situaciones y maneras de actuar de personas de mi entorno desde un tiempo atrás hasta ahora. Mi conclusión: ¿en serio? A veces siento que me arrepiendo de haber conocido a algunas personas, de haberme mostrado tal cual soy yo, de haber hecho cosas por los demás aun sabiendo que jamás recibiría nada a cambio. No soy ninguna santa ni pretendo serlo, pero que me respeten mi persona y no la dañen.

Llegué sin querer ver a nadie, sin importarme nada, deseando volverme a ir, decirles "que os den por el culo", mirar atrás y reírme de cómo se quedan, mandarlo todo a la mierda.

He odiado más que nunca la forma de ser de muchas personas, su hipocresía y egoísmo, sus tonterías, el que se creyesen con derecho a opinar cuando no saben ni un tercio de la situación, el que fuesen de líderes saliéndose con la suya... Las princesitas algún día lo dejan de ser y no se convierten ni en reinas. Ese es mi consejo. Todo pasa por algo y después se lamentan.

Nadie sabe todo lo que se me pasa por la cabeza. Siento la necesidad de contarlo, hablar y desahogarme, pero es mejor mantener la boca cerrada antes que crearme mil enemigos.

Diré una cosa: todos somos unos hipócritas, algunos lo son más que otros, pero nadie se libra. Y yo tengo ese don de calar a las personas, a algunas las tengo tan conocidas que podría decir cada paso que toman en una decisión antes de que me lo contasen.

Mis cambios... No descarto irme, desaparecer para casi todo el mundo, hacer mi vida lejos, conocer gente nueva, conservar poca de la vieja...

Y sé que en un momento dado leeré esto otra vez y me diré: "tenía demasiada razón, pero no hice nada".

No pretendo ser comprendida, solo quiero desahogarme.



R.