... y yo me quedé pensando. Ya no es 6 de mayo, ya se ha pasado el Día de la Madre. Ha sido el primer año que no lo he pasado con ella y esta mañana casi me puse a llorar cuando hablamos...
Todavia recuerdo aquella vez cuando tendría unos 3 años (a lo mucho 4) y mi padre y yo le regalamos un reloj por el Día de la Madre a mi mami. Mi ilusión era enorme a la hora de darle el regalo y más fue la alegría de mi madre al verlo. Aún lleva ese reloj y sé que para ella es uno de los objetos que más significado tienen, siempre recuerda que se lo regalamos nosotros.
Porque podría pasarme horas y horas y más horas hablando de mi madre, de lo mucho que la quiero, de nuestras alegrías y penas, de las veces que me echa la bronca por mi desorden o por mi vagueza, etc etc etc. Pero, verdaderamente, a mi madre tengo que agradecerle mi vida. Si no hubiese sido por ella y su manera de criarme no sé qué hubiese sido de mí... quizá ahora mismo estaría perdida por la vida, sin una meta ni un rumbo fijo. Ella luchó por mí, por sacarme adelante, completamente sola y con el dolor que ello conllevaba, porque sí... yo sé que a ella le dolía hacerlo sola, pero no hubo más remedio, la vida se nos dio así y tuvimos que tomarla como el que bebe agua para sobrevivir. Me dio una infancia feliz, procurando que estuviese ajena al dolor, confiando en mí a cada momento.
Para mí el día de la madre es todos los días aunque sólo la felicite uno.
Y con tan sólo oír tu voz sé que todo está bien y que mi día puede continuar. Te quiero.
R.