sábado, 28 de enero de 2012

And it was...

... como nací yo. Porque mis padres me deseaban y se amaban y... ¿qué hay más bonito en el mundo que tener un hijo, fruto del amor y del cariño entre dos personas?

La primera vez no pudo ser. Un golpe muy duro para cualquier mujer, pero mi mamá es fuerte, siempre lo ha sido y siempre lo será, y esperó. Esperó tres años, para ser exactos. Sé que fueron momentos duros, no sólo psíquicamente, sino que también físicamente hablando. De repente te provocan un parto porque de no hacerlo tu vida corre peligro y además ya no había nada que hacer. El postparto debió de ser lo peor: pastillas para cortar la leche y vendas en los pechos. ¿No es ella a caso una luchadora? Sí, para mí lo es.

Bueno, como iba diciendo, mis padres se querían mucho y otra vez intentaron la jugada. ¿Que qué pasó? Pues por ahí he oído que a la primera no fue, pero que a la segunda no hubo fallos y bueno... algo comenzó a gestarse en el interior de mi mami. Yo lo interpreto como seguir una receta de cocina (es que soy muy de cocinar): tenemos amor, cariño, besos, caricias, medios, situaciones, ideas... y un rato maravilloso; dejamos reposar tranquilamente, con muchos muchos muchos mimos y cuidados; el resultado ya lo saben.

Pues por lo visto, cuando esa cosilla diminuta comenzó a crecer y tener forma antropomórfica y un tamaño ya considerable pues no dejaba tranquila a su mamá ni un minuto. Debía ser ya tocahuevos desde la más tierna preinfancia. Me han comentado que por las noches no dejaba dormir porque la santa de mi mami se tumbaba en la cama y de repente, así por los lados, si no salía una pierna salía un brazo, pero vamos que eso parecían pepinos creciendo.

Y luego está la noche del jamón... Ahora mismo entiendo lo mío con el jamón, sí. Esto de que las embarazadas tienen antojos, pues mi madre no iba a ser menos y a la mujer, una noche así ya tarde y estando en la cama, que le entran ganas de comer jamón:
- Floren, que tengo ganas de comer jamón, anda baja a la cocina a partirme un poco.
- Pero... en casa no tenemos jamón, ¿no?
- Mmmm no, se ha acabado, pero en la casa vieja sí hay, si eso... puedes ir a por un jamón.
- Sí, claro, a estas horas y en la cama que ya estoy voy a ir a por jamón. Anda que ya se te pasará.
(Algo así debió ser la situación).

Pero lo mejor fue lo del 30 de junio. Mi abuela cumplía 66 años, si no me equivoco. Mi madre y mi tía, llevándose seguramente a mi primo, se fueron a los huertos (en el campo) a buscar guindas (una especie de cerezas, pero ácidas como la madre que las parió). Mi santa madre con el bombo, que si mal no recuerdo salía de cuentas el día 7 de julio. Mi abuela la mujer tenía ilusión de que su nieta (la número 8 que iba a ser ya) naciese el día de su cumpleaños. Mi mami, después de estar toda la tarde por ahí, llega a casa y en eso de que llegando a la noche dice que se pone de parto; a mi primo le dice que vaya a avisar a la abuela para irse al hospital. La abuela le dice a mi primo que no estará muy de parto cuando se anda paseando por la calle. Mi mami que sí, que vámonos para Soria porqu nazco ya. Todos camino de Soria por la noche. A Soria llegan y en el hospital querían que mami se sentase en una silla de ruedas y ella que no porque yo estaba ahí ya y ni sentarse podía.

00:45. Mi mami entra al paritorio. 00:50. Mi mami tiene una preciosa niña entre sus brazos. Qué espaldita más bonita y qué carita más guapa. Palabras que por mil años que pasasen mi madre no dejará de repetirme con frecuencia y luego está el y no como ahora que eres una burra, con lo maja que eras así de pequeña que no dabas mucha guerra, pero hija cuando abrías la boca... la abrías bien.

Y así fue como después, ya en el pueblo, me convertí en el juguete de todos, en el bebé que hacía tiempo que no veía Alcozar.

¿Mi nombre? Se lo debo a mi papá. No llega a ponerme Rebeca y vamos, le da algo y si no hubiese sido una niña... ya ni pensar lo que le hubiese podido pasar. Sus deseos se cumplieron: fuí una nena y me llamó Rebeca.

Luego había señoras del pueblo que no recordaban cómo me habían puesto de nombre mis padres y tenían que recurrir a pensar en eso que nos ponemos cuando hace así frío. Sí, una REBECA.

Y así es como yo nací y así es como yo odio que digan Rebeca a las chaquetas...
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