Y porque así fue como comenzó todo: sin darse cuenta, había caído en una espiral de sonrisas, de palabras bonitas, bromas... y ya no podría escapar.
La flecha le había alcanzado y cuando eso sucede ya no hay marcha atrás y sólo el destino sabe lo que le espera.
Porque hacía tiempo que no recordaba algo así y al principio no sabía qué era aquello que nacía de su estómago para hacerle latir el corazón como si se hubiese pasado una mañana entera haciendo ejercicio. Poco a poco fue comprendiendo: unas mariposas habían anidado en su interior y la familia no paraba de aumentar... ¡las mariposas se movían por todo su cuerpo! Comenzaban el paseo por la mañana saliendo de la cabeza, por la tarde jugaban un rato por el estómago y a la noche se iban a dormir al corazón.
Cuando sus ojos se miraban... las mariposas hacían carreras de vuelo y nadie podía parar a esas putas.
Su mirada no mentía... y ni podía evitar que, a veces, se le cristalizasen los ojos tan sólo de pensar. Porque cuando te disparan no hay remedio inmediato que cure esa "herida".
Dicen que enamorarse es algo bonito y pleno, pero nunca hablan del sufrimiento ni las noches en vela ni los minutos perdidos que pasan hora tras hora con una imagen en la cabeza: ÉL.
¿Por qué nadie le habló de las cosas imposibles? Bueno, en verdad era ella quien tarde o temprano tendría que descubrir todo esto: un día miras a una persona, no te la puedes sacar de la cabeza, te late el corazón, la piel se te pone de gallina, ríes, llorar, ahora sí, ahora no... y todo lo demás que conlleva esto.
¿Que qué pasó? Todavía nada. Ella sigue teniendo los síntomas...
R.
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