...porque algunos días te pilla arriba y otros abajo.
Creo que desperté desorientada, sintiendo que no había ningún rumbo fijo que seguir y que tenía que ser yo la que marcase cómo continuar.
Una vez que comenzó el juego ya es difícil de parar. ¿Ganar o perder? Pues, la verdad, ahora mismo voy perdiendo en esta partida. Igualmente siento que todo el mundo me está ocultado cosas últimamente, así que... ¿qué más da? No voy a ser yo quien esté preguntando siempre si pasa algo o por qué ya nada es como antes.
Porque hay momentos en mi vida en los que me dan ganas de cambiar los papeles y ser por primera vez la persona que agarre a otra del brazo y le diga ven, tengo que hablar contigo. Pero yo no soy dada a eso porque me temblarían las piernas, el pulso se me aceleraría, mis ojos no podrían cruzar mirada y la voz me temblaría a la hora de dirigir palabra porque estaría a punto de llorar.
Llorar... desahoga tanto hacerlo, pero últimamente yo lo hice en exceso y bien es sabido que los excesos no son buenos y conllevan a cosas peores. Bueno, y como eso fue así he decidido intentar tener siempre la sonrisa en la cara aunque por dentro me esté muriendo, total... nadie lo notaría, como hasta hace poco sucedía.
Pues eso, todo esto es trabajo del dramatismo verde y quien quiera entender que entienda, pero creo que es obvio, ¿no?
R.