sábado, 17 de enero de 2015

Por la noche...

...alguien apareció en mis sueños. No le daría la más mínima importancia si las condiciones hubiesen sido otras. No, no era un sueño sexual. Era un sueño inocente, pero con chico incluido.

Nuestro subconsciente libera en los sueños lo que no libera en el día a día. Me asusta. A veces todo es demasiado bello en un sueño como para que pueda suceder.

No era cualquiera, era alguien especial. No era como siempre, era distinto, completamente distinto a lo que estoy acostumbrada.

He visto aparecer a alguien en un coche, he sentido cómo se me erizaba el vello, el corazón se me aceleraba por momentos, mi mirada buscaba unos únicos ojos para después pararse en una sonrisa. Su sonrisa.

He creído morir cuando me parecía notar cierta indiferencia. Y yo, como siempre que me pongo nerviosa, agachaba la mirada buscando un aliado en el suelo para caminar con paso ligero sin rumbo que seguir.

Pero termino levantando la cabeza y ahí está. Nuestras miradas se cruzan. Nuestras sonrisas se dibujan. Nos acercamos riendo. No, no es que yo le haya hecho la cobra, es que sentía algo raro y aunque me muriese de ganas por besarlo no podía hacerlo. Él no se da por vencido y me besa el cuello varias veces. Luego nos veremos, seguro.

Como bien sabemos, los sueños bonitos duran un suspiro y ahí estaba yo, despertándome, pero llena de una tranquilidad interior difícil de explicar.

Yo, mi subconsciente y una cama que si hablase tendría como para contar un libro.




R.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Deben ser...

...estas fechas en las que se aproxima la tan temible Navidad para mí. Sí, seguro que es por eso, porque si no yo no encuentro explicación. Es escuchar una canción, ver una foto, una imagen tierna, mirar atrás y... ahí están: los ojos se me llenan y las lágrimas me brotan, día sí y día también.

La Navidad dejó de tener sentido para mí hace muchos años. Y en mi casa no soy la única. Prácticamente ni las pasamos en familia, nos falta gente importante y eso es lo que más duele. 

Que sí, que comer de todo lo bueno hasta más no poder está genial, pero es que cuando ves que en la mesa falta la persona más importante... todo es una mierda. Con el paso de los años me he ido acostumbrando. No queda otra: aquí o te acostumbras o mueres de pena.

Si a todo esto le sumo el torbellino de sensaciones raras que tengo, las vueltas que me da la cabeza, mi incapacidad para poder poner la mente en blanco, los sueños raros de por las noches, etc... sale una mezcla explosiva de mí. 

Cómo odio la gente que no se atreve a demostrar lo que siente. No afrontan sus sentimientos. Yo no estoy pidiendo nada, únicamente que hagan las cosas más fáciles y todo será mejor, ¿no? Pero, oye, aquí una hablando de lo que incluso no hace. ¿Y para qué? El tiempo, las caídas, las malas experiencias, hacen que no tenga ni ganas de querer hacer según qué tipo de cosas, total, acaban saliendo mal, muy mal.

Estamos sólo a finales de noviembre y yo así. Lo peor está por llegar. Si a mí de la Navidad sólo me gustan las luces que decoran las calles, poner el arbolito y el Belén para cumplir con la tradición y, bueno, el turrón y los polvorones están bien. No pido regalos de Navidad, con eso digo la ilusión y las ganas que tengo de ella...

Yo, con este estado, me da por pensar y pensar. Menos mal que no me da por abrir la boca porque iba a soltar más mierda que si estuviese mala de la barriga y no pudiese levantarme del wc. Sí, soy demasiado específica.

Y sin más, una servidora, se despide de escribir, que no está el horno para bollos.




R,

viernes, 21 de noviembre de 2014

Y es que...

...quizás nunca tendría que haber pasado, quizás el juego debió quedarse en el inicio, quizás nunca debió entrar nadie más a jugar en aquelo que no debió suceder... quizás, quizás, quizás...

A veces me pregunto (porque me suelo hacer muchas preguntas a mí misma y también soy de pensar bastante) qué hubría pasado si el juego hubiese empezado un par de años antes, o si nunca hubiese empezado. La verdad es que me hago demasiadas preguntas al respecto, pero tampoco puedo imaginarme un presente distinto.

No hablo de nada en especial, hablo del juego en sí. Ese juego que un día te "encuentras" o se pone delante de tí intencionadamente para que lo veas y te diviertas. No sé si divertir es la palabra correcta, pero sí es cierto que ese juego te da mucha diversión.

Siempre me ha gustado jugar, mucho, pero soy una persona tímida y ese juego ha sido en silencio. De repente, llega ese momento en el que alguien te hace jugar abiertamente sin importar nada y te crea tal seguridad que te gustaría darle las gracias día sí y día también. Es como si volviese a ser una niña de pocos años haciendo amigos como si nada, solo que ahora soy adulta, sé tomar mis propias decisiones y no consiento que nadie se meta en mi vida.

Todo comenzó un día y siguió... siguió... siguió. A veces más, a veces menos, pero ahí estaba, está y no sé si estará. Con frecuencia miro atrás y recuerdo el inicio, siento una nostalgia del tiempo "pasado", de que todo aquello tan intenso perdió fuerza, aunque la ganó en otros aspectos.

Consiguieron que adquiriese una confianza demasiado especial que nunca antes había tenido. Todavía me pregunto cómo pudo lograrse sabiendo mi manera de ser. No todo el mundo puede tener la "suerte" de llegar a tener mi confianza.

Para mí, el respeto es la parte fundamental de este juego. El respeto y también el mirar más allá

Y es que, cabe la posibilidad de que, en este juego, encuentre a contados participantes y eso es algo que no me preocupa.

Poco, pero de verdad. Lo mucho acaba cansando. Y es que lo que tú me cansas es proporcional a nuestro estado de ese día.
R.

lunes, 3 de noviembre de 2014

Y qué...

...si cada uno elige lo que cree conveniente a partir de unas experiencias. A lo largo de nuestra vida vamos escarmentando de lo que en algún momento nos causó dolor, de las personas que nos hirieron, de los golpes y palos que nos llevamos.

Mi destino fue creado el día que me concibieron. Siempre fui libre con mis elecciones, nunca me pusieron una pistola para obligarme, sólo una vez no me dejaron abandonar y lo agradezco mucho. Hay una persona que en todo este tiempo depositó su confianza en mí, sabiendo que yo no era como el resto, que yo era diferente y sabía muy bien cómo jugar mis cartas en esta partida. De momento no se equivocó.
 
No puedes confiar en las personas. Puedes tener confianza, pero no confiar. ¿Por qué? Porque creo que uno no puede confiar ni en sí mismo. ¿Cómo vas a confiar si miras a tu pasado y ves todo aquello? ¿Quién te asegura que todo ha cambiado? No sé, pero hay que analizar constantemente. ¿De qué sirve arriesgar cuando no hay una solución clara? Siempre me ha gustado pisar sobre seguro, que me llamen rara por ello, pero apuesto de que están pensando que sí, que es lo mejor y que también les gusta.

Sinceramente, son pocas personas las que me conocen tal cual soy y quienes sí creo que ya lo saben, lo demuestro bien. Me he desnudado ante pocas personas, pero con quien sí lo dejé claro y lo sigo dejando. Las palabras fluyen, los hechos siguen su camino.

Coraza a los sentimientos. De acero valyrio, ligero y resistente, como una espada. Sí, no recuerdo cuándo fue que lo decidí, solo sé que fue hace mucho tiempo, y yo era muy joven. ¿Por qué? Sólo yo lo sé. Mis secretos no son los suyos.

Y aun así, con mis cosas, mis pros y mis contras, seguirá gente admirádome, otra odiándome, quizá envidiándome y yo si saber de qué ni por qué. Tengo clara una cosa... le guardo rencor a toda aquella persona que me ha negado y han sido bastantes.

Hay a quienes les gusta dejar mal al contar una historia. En serio, ¿por qué? Os estáis tirando piedras porque no sabéis ni del tema. Queréis hacerlos los interesantes y a mí me producís risa. Yo no me creo más que nadie, pero siento que estoy en otra parte y no es la suya (afortunadamente).

Los cambios siempre son buenos y yo todo esa decisión. No tengo por qué cambiar mi forma de ser, no me dañan los comentarios que puedan decirme, yo no quiero ser como ellos porque ya sé lo mal que les va y lo peor que les irá. No soy adivina, simplemente uso la cordura, a la vista salta por cuál camino andan.

Vivid y dejad que viva. Yo no os digo cómo actuar ni cómo ser, y ganas no me faltan... No son buenos días para los soñadores, pero vosotros estáis a otro nivel: vivís en las nubes rodeados de pájaros sin saber que las nubes se van y los pájaros emigran.



Y así es como tú eres una persona acorde y, sin embargo, me asustas...
 
 
 
 
 
R.

sábado, 1 de noviembre de 2014

Temas tabú...

...y lo nerviosos que logran ponernos en según qué ocasiones. No sé si seré la única a la que le pasa, porque a veces me siento un bicho raro entre tanta "normalidad" que parece tener el resto, pero a mí los temás tabú me encantan, y el tema por excelencia tiene un nombre: sexo.

Para mí, en el tema sexo, se cumple esta norma: cuantos más años menos pudor. Y es que llega un punto que te da igual que te vean toda la identidad mientras meas en la calle, lo mismo que si se la ves a alguien del otro sexo. Será que nunca habremos enseñado ni visto nada... así, de gratis.

El sexo está en boca de todos (uy, y quizá más de lo que pensáis... tenía que soltarlo jajaja), a todas horas hay alusiones a ello en la calle, la radio, la tv, la prensa... Nos lo meten por todas partes (siempre y cuando quepa, claro, guiño guiño). No es que vivamos en una sociedad de mente perversa, malpensante y sucia, simplemente hemos aprendido a normalizar algo tan natural como el cuerpo de cada uno y las necesidades que requiere. El tabú y silencismo que ha venido teniendo el sexo tiene como culpables a las religiones, que siempre tachan de malo aquello con lo que se es feliz.

Todo es muy natural, pero cuando oímos a nuestros progenitores hablar de tal tema tendemos a querer desaparecer, nos hacemos los locos y cambiamos de tema. Y es que hay veces que es mejor no oír y seguir pensando bien como hasta ahora. ¿Qué nos importará lo que hicieron ellos? A mí me importa lo que me pueden o pueda yo aportar a los de mi entorno joven, que entre nosotros nos entendemos bien.

A fin de cuentas... el sexo es sexo. Para ello no sirve cualquiera, se requiere un mínimo de atención y sabiduría. La práctica mejora mucho y la complicidad y confianza ni os cuento.

Hoy leí algo sobre un libro llamado Afrodita en la cama, que sentí curiosidad y me descargué las 16 páginas del "libro". Me dispuse a leerlo pensando que con ello y llevándolo a la práctica me convertiría en una diosa de la cama, en una dama sexual imparable capaz de satisfacer salvajemente. A medida que iba leyendo solo podía pensar: ¿de verdad? ¿y esto es lo que supuestamente te hace ser la mejor en la cama? Pues a este paso escribo yo un libro porque batallas tengo... y numerosos pensamientos más.

No sé, pero el ser humano no deja de ser un animal, por tanto lo bueno es seguir el instinto y mejorarlo, esa es la clave para ser una Afrodita en la cama. Habrá días bueno y días malos, como en todo, pero hay que disfrutar cada segundo que entregas y compartes con la otra persona. Si hay compatibilidad el placer es muchísimo mayor y el acto más satisfactorio.

También digo una cosa... el beso es una parte muy importante en todo esto. Quien besa bien gana puntos. Si después follar se le da de cine... QUÉDATE CON ESA PERSONA, aunque sea nada más de follamigos, pero te has asegurado compartir un momento importante con alguien que no lo desperdicia.

No tengo ni idea de por qué hoy se me vino todo esto a la cabeza, pero es real. Nada mejor que compartir experiencias sexuales con tus amistades para aconsejarse mutuamente y probar técnicas distintas partiendo de esa naturaleza. El resto va llegando solo y los resultados suelen ser satisfactorios.

¿Qué sería de la vida sin sexo?





R.

sábado, 25 de octubre de 2014

Y así, de esta manera...

...es como te das cuenta de que algo o alguien de tu vida es muy importante. Quizá te baste una canción, un libro, una imagen... pero te vas a dar cuenta.

En tu cabeza se repite una y otra vez el cuento de la lechera de manera inconsciente y no puedes remediarlo. Callas y callas porque el miedo no te deja hablar, sigues pensando y analizando. Sabes que lo mismo de ahora te ha pasado a lo largo del año, que el tiempo decide y el odio es cariño, y al revés.

Desde un principio sabes los riesgos que corres en este juego. Lo has hablado alguna vez, todo quedó claro. Las circunstancias cambian, pero tú sigues con las mismas ideas claras. Jugar, jugar y jugar. Aquí ganamos todos. Placer.

Piensas en ti. Eres una persona extraña que, poco a poco, va dejando de serlo. En tu cabeza mil historias, infinitas posibilidades, un mismo objetivo. ¿Objetivo? Quizá no sea esa la palabra, no hay definición para ello.

No logras entender cosas de ti. De pronto lloras porque viste fotos, fotos de algo que no existe y ahora es todo para ti. ¿Para ti? No, compartir es vivir, sabes mucho porque te han contado. Repentinamente algo te oprime el pecho, la cabeza se te llena de imágenes, momentos, pasado y futuro unidos de la mano... y tú tienes que huir 5 minutos para volver serena de nuevo y seguir, dejar que fluya.

Y es que, echando el vistazo al principio, te das cuenta que hasta escribiendo reina el caos. La improvisación de las letras que salen solas de dentro, una lleva a la otra y así sucesivamente. ¿Para qué voy a pararlas? Mejor escribir que guardar y guardar.

Tu hombro para mí y el mío para tí...





R.

jueves, 11 de septiembre de 2014

Y un día las nubes...

...sopla el viento y se van, se marchan poco a poco por el cielo, dejando salir al sol, iluminando el azul.

Viene y va. A veces pasa desapercibido, otras se deja notar. ¿Quién me asegura a mí que no lo viví antes? Es como soi volviese a tener 14 años, solo que ahora cuento ya con 23, mucha escuela de por medio, he aprendido demasiado y soy capaz de no cerrarme en banda como cuando simplemente era una niña.

Ni yo puedo entender qué puede estar pasando en mí ni en mi entorno, pero todo es raro, o la rara soy yo. Nunca hay ganadores ni vencidos, inocentes ni culpables. Quizá la solución sea abrir el corazón, pero ¿para qué? Es el miedo al daño, al dolor, a decepcionar a quienes confíaron en lo que yo era (o soy). Quiero alejarme y a la vez acercarme más, pero no puedo ni una ni otra cosa. Me quedo en un estado de limbo, pensando, pasando las noches medio en vela con mis vueltas, mi dolor de cabeza.

¿De verdad yo soy así? ¿De verdad siempre fue lo mismo? Una vez me pasó que tuve que alejarme para saber cuánto quería y necesitaba, así hoy me aseguré que siempre hay alguien con quien contar en muchas situaciones, a quien explicar mis mil historias, con quien reír y quedar serio. No sé, algo así.

Puede ser que, pese a haber pasado unos meses estupendos y magníficos, mis allí también noches sin dormir me hayan afectado demasiado. Y es que es muy difícil no saber qué puede ser de una misma en poco tiempo, si podrás continuar o tocará abandonar, si encontrarás algo que verdaderamente te haga sentir que tienes que estar ahí. Han sido muchos días de pensar, pensar y repensar. He analizado cada situación que me podría llegar y sólo de pensarlo me ahogaba en mis dudas.

No soy capaz de explicar la sensación que tengo y tampoco quiero ser preguntada, sé que es algo pasajero, que esto no dura eternamente porque hoy, por ejemplo, ya fui capaz de sonreír desde la mañana. Son las buenas noticias las que, de a poco, me van revelando mi posible futuro. Y ojalá pueda conseguir lo único que me hacía sentirme feliz cuando lo pensaba.

Porque sí, este verano fui capaz de olvidar con una copa en la mano. Y beber en el momento apropiado hizo que no le diese vueltas a las cosas y que pudiese disfrutar de esos pequeños momentos que en mí se hicieron enormes, donde una sonrisa y el brillo de mis ojos dejaba demostrado que lo único que necesitaba era tranquilidad y estar bien conmigo misma, dejando de pensar.

Y ojalá nunca más tenga ganas de llorar a cada instante sin saber cómo solucionarlo.



R.

martes, 9 de septiembre de 2014

Cambios que empiezan...

...y yo apenas me había dado cuenta.

Han pasado dos meses desde que me fui de vacaciones. Necesitaba más que nada sentir tranquilidad, olor a aire limpio, cariños maternales, vida relajada, estar conmigo misma... Entiendo que soy una persona rara, sencilla y también complicada, pero a veces necesito mi lugar para intentar poner en orden toda la mierda que acumulo en la cabeza.

Me dije a mí misma desde el primer día que me fui en el mes de julio que no iba a dar importancia a nadie ni a ninguno de los problemas que pudiesen venirme a contar. Este verano quería que fuese para mí, yo sola y mi egoísmo, sin importar nada de fuera. A día de hoy puedo decir el resultado: lo conseguí.

Cada uno tiene su mierda y hay que soltarla en el wc, pero cada cual en el suyo. Me cansé de ser un paño de lágrimas, de tener que absorber los mocos de los demás sin que nadie me dejase rechistar. Siempre me cuesta sacar mis cosas, pero porque soy consciente de que no puedo pasarme el día hablándole mierda al resto, en cambio soy capaz de aguantar la suya... 

Me propuse interesarme por quien me diese la gana. Y así lo hice. Hablé con quien tenía que hablar y cuando tenía que hacerlo. Cada vez tengo un filtro más perfeccionado dentro de mi y sé quien sí y quien no, todo con más precisión.

La tranquilidad y el silencio me hicieron pensar mucho. Pude analizar muchas situaciones y maneras de actuar de personas de mi entorno desde un tiempo atrás hasta ahora. Mi conclusión: ¿en serio? A veces siento que me arrepiendo de haber conocido a algunas personas, de haberme mostrado tal cual soy yo, de haber hecho cosas por los demás aun sabiendo que jamás recibiría nada a cambio. No soy ninguna santa ni pretendo serlo, pero que me respeten mi persona y no la dañen.

Llegué sin querer ver a nadie, sin importarme nada, deseando volverme a ir, decirles "que os den por el culo", mirar atrás y reírme de cómo se quedan, mandarlo todo a la mierda.

He odiado más que nunca la forma de ser de muchas personas, su hipocresía y egoísmo, sus tonterías, el que se creyesen con derecho a opinar cuando no saben ni un tercio de la situación, el que fuesen de líderes saliéndose con la suya... Las princesitas algún día lo dejan de ser y no se convierten ni en reinas. Ese es mi consejo. Todo pasa por algo y después se lamentan.

Nadie sabe todo lo que se me pasa por la cabeza. Siento la necesidad de contarlo, hablar y desahogarme, pero es mejor mantener la boca cerrada antes que crearme mil enemigos.

Diré una cosa: todos somos unos hipócritas, algunos lo son más que otros, pero nadie se libra. Y yo tengo ese don de calar a las personas, a algunas las tengo tan conocidas que podría decir cada paso que toman en una decisión antes de que me lo contasen.

Mis cambios... No descarto irme, desaparecer para casi todo el mundo, hacer mi vida lejos, conocer gente nueva, conservar poca de la vieja...

Y sé que en un momento dado leeré esto otra vez y me diré: "tenía demasiada razón, pero no hice nada".

No pretendo ser comprendida, solo quiero desahogarme.



R.